Patito Feo
He oído muchísimas veces el famoso cuento “El patito feo”. Muy conmovedor, triste, realista; en fin, una metáfora de la vida.
Hasta ahora había reflexionado la historia desde el punto de vista físico. El patito negro es rechazado por ser diferente; repito: metáfora de la vida. Pero en estos momentos de soliloquios me he dado cuenta que nosotros también somos patitos feos; pero no feos de color, sino de mentalidad.
La vida nos ha puesto en distintos círculos sociales en los que podamos sentirnos relativamente cómodos, pero al llegar cierto punto demostramos esa fealdad que llevamos (y me refiero a “fealdad” por el hecho de que el personaje de la historia era rechazado por ser feo; no quiero ofender ni subestimar la capacidad de pensamiento de las personas). Entre toda nuestra conmoción causada por el sentimiento de pertenencia nos damos cuenta de que algo puede fallar.
Ya es bastante fuerte lidiar con el hecho de a duras penas pertenecer para tener que cargar con la tarea de no compartir el pensamiento. Si bien es cierto que la discusión puede aliviar tensiones, el trasfondo se mantiene. En momentos de ocio se olvida el conflicto, mas no se elimina.
La sensación de alterar el ritmo de un grupo no tiene comparación. Peor aún es no encontrar a otra persona tan fea como tú. No nos queda de otra que tragar el dolor y enfrentarse a la dificultad del no entendimiento, porque a pesar de todo el pesar personal, el problema es cuestión individual.